L A   E S C U L T U R A

Michel Henric-Coll

Las seis personas del equipo habían trabajado con entusiasmo y dedicación para crear esta escultura de vidrio.

Entre todos imaginaron el diseño: una paloma estilizada que abrigara en sus alas semi abiertas, un receptáculo para pequeños objetos; y entre todos contribuyeron a darle vida.

No eran artistas experimentados, sino alumnos de un curso de verano, que les había permitido conocerse, apreciarse, y con la ayuda de los monitores, aprender entre otras interesantes cosas la escultura de vidrio.

Por fin, estaban todos alrededor de la mesa, admirando su obra colectiva terminada.

“¡Qué emocionante!” comentaba Julia. “Lo hemos hecho entre todos, es la guinda sobre el pastel de este mes de vacaciones, la obra que nos une a todos, es pura maravilla”.

“Sí, añadió Andrea, es la prueba de que hemos estado aquí, y que existimos como equipo”.

Entonces, Julián cogió la fina escultura, la levantó cautelosamente y... la tiró al suelo con fuerza dónde estalló en mil pedazos.

El primer segundo pareció desarrollarse a cámara lenta: bocas abiertas, miradas horrorizadas, brazos tendidos como si pudiesen evitar el desastre; y para acompañar el eco de la explosión del cristal: el silencio de los protagonistas, anonadados por el suceso.

De repente, todo cambió, gritaban todos a la vez, algunos de desesperación, otros con violencia, Andrea se arrodilló en el suelo, recogiendo minúsculos fragmentos como si pudiera deshacer lo ocurrido. Pero cuando se tranquilizaron los nervios y se recuperó algo de control emocional, todos miraron fijamente a Julián y le acosaron para que explicara su gesto destructor.

El no se inmutó. Y a su vez devolvió la pregunta:

- “¿qué he destruido qué?

- Nuestra obra, un trabajo que todos hicimos con pasión, con entusiasmo, que podíamos mirar con orgullo, que nos recordaba lo que hemos vivido aquí, durante este mes, lo que nos ha unido. Era mucho más que una escultura, era la culminación de nuestra amistad. Y vienes y la haces añicos. Pero ¿por qué?

Estos fueron los comentarios que todos le dirigieron, pero Julián seguía preguntando:

-  Aún no me habéis dicho de qué se trata, ¿qué era, como era?

-  Si lo sabes tú bien.

-  No estoy seguro. Tal vez si pudierais ser más concretos.

Tal vez fuera para enseñarle la magnitud de su crimen, pero todos aportaron detalles increíbles de precisión sobre la escultura aniquilada. La describían como nadie más hubiera sido capaz de hacerlo, porque nadie hubiera sido capaz de verla con sus ojos, los ojos de sus creadores.

Cada detalle que aportaban les recordaba el proceso: el color del pico, la idea del zócalo, la forma tan esbelta del cuello, la translucidez de las alas; cada parte de la escultura iba cargada de las emociones que habían experimentado entre ellos como grupo, como amigos, y con las que habían sido capaces de crear la paloma de la amistad.

- “Veis, comentó Julián, la estáis viendo. No con vuestros ojos, sino con vuestro corazón. Sois capaces de dar más detalles que podría reproducir ninguna foto, expresar y hacer sentir emociones que jamás la visión de la escultura podría conseguir. Y no necesitáis tenerla delante. La tenéis dentro de vosotros, no sólo el resultado, sino todo el proceso, todos los ingredientes que fueron necesarios para que entre todos, le diéramos vida.

Y seguirá viviendo, tanto tiempo como seamos capaces de recordar la amistad y la pasión con las que hemos sido capaces de crearla. Al romperla, nuestra escultura ha conseguido la eternidad. Las cosas materiales no son más que objetos desalmados, son nuestras emociones las que perduran y les dan valor. Nuestra obra será eterna porque lo que creamos con pasión y alimentamos con amor se convierte en indestructible”.

Las empresas también tienen sus esculturas de vidrio, las suelen llamar proyectos, task force, o investigación y desarrollo, por dar ejemplos. Y también se rompen, cuando un proyecto deja de encajar con la estrategia general, cuando dos empresas fusionan y algunos desarrollos deben ser abandonados, o cuando el presupuesto económico no da para más. Las personas afectadas pueden ver como la aniquilación de una obra, o bien como su transformación en valores indestructibles, al final, la realidad existe solamente a través de nuestra percepción.

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