BIENVENIDO
MISTER MASLOW
Michel
Henric-Coll
Abraham
Maslow tiene en común con el faraón Keops que ambos se han hechos famosos por
una pirámide.
Fue
Maslow quién reprochó a Freud el haber aprendido la psicología a través de
la mitad enferma de la humanidad.
Pero
son sus estudios y teorías sobre la motivación los que provocan mi actual
intervención. Recordemos primero lo que es la motivación: un estado emocional
que impulsa a una persona a adoptar un comportamiento determinado cuando recibe
un impulso o incentivo que satisface una necesidad. Por tanto, no habría
motivación sin necesidad por satisfacer.
Entre
las más importantes aportaciones de Maslow al estudio de las motivaciones,
destacaría las siguientes:
Comprendemos
entonces que no se puede motivar a la persona por rodajas, como si fuera un
salchichón. Si algo lo hace sentir insatisfecho, puede perder la motivación,
aunque otra necesidad suya quede satisfecha. Esto implica que si no está a
gusto en su equipo de trabajo, no por subirle el sueldo se verá motivado (el
primer mes, tal vez).
Tampoco
podemos considerar un motivador como definitivo, porque cuando la persona ve una
necesidad satisfecha, otra sube en la escala de prioridades y la sustituye.
¿Significa
esto que es imposible mantener a un trabajador motivado? Afortunadamente no.
Pero no se puede contar ni con motivadores universales, ni con motivadores
permanentes, los motivadores son personales y perennes. Por lo tanto para
motivar a tus propios trabajadores, primero debes de conocer cuáles son sus
necesidades, y aplicar los motivadores en función de cada persona, contando el
estado actual de la misma.
Es
una de las razones de desconcierto de algunos jefes o empresarios, ver que un
colaborador que solicitó algo tan importante que le fue acordado (puede ser un
aumento de sueldo, una promoción, unos días de vacaciones, etc.) parece hoy
haber perdido el impulso. O bien que en el despacho todos parecen satisfecho por
las nuevas ventajas adquiridas menos uno que sigue con la misma desgana.
Visitando la pirámide
La
pirámide desarrollada por Maslow tiene dos méritos: proponernos una
clasificación de todas las necesidades en sólo cinco categorías, – más fácil
¿no? – y mostrar como estas necesidades viene jerarquizadas, de tal forma que
las superiores sólo se intentan satisfacer cuando las inferiores son
suficientemente cubiertas.
El
primer nivel de la pirámide corresponde a las necesidades básicas relacionadas
con las funciones vitales, como alimentarse. Están satisfechas en la gran mayoría
de las personas. Pero Abraham apuntó las necesidades adquiridas como muy próximas
a las biológicas. En ellas se hallan las necesidades de educación, de
comodidad, de higiene, etc. No dudaré en citar como ejemplo la costumbre Española
del almuerzo a media mañana. Es una costumbre adquirida que no creo que ninguna
empresa podría pensar suprimir sin provocar una fuerte oleada de protestas
probablemente graves.
Después
vienen las de seguridad y protección. Cuando no se tiene, la búsqueda de
seguridad constituye un importante motivo de la conducta de las personas.
En
el tercer nivel vienen las de integración social, sentirse aceptado por el
grupo.
Después
vienen las necesidades de reconocimiento y estima donde cabe independencia,
libertad y prestigio.
Coronan
la pirámide las necesidades de crecimiento, desarrollo y realización personal.
Un nuevo trabajador
Llega
la candidatura de una persona, actualmente desempleada. Es de esperar que su
necesidad más imperiosa sea la de encontrar trabajo. Cuanto más tiempo haya
estado desempleado, menos se fijará en las condiciones del trabajo, solo por
conseguirlo estará ilusionado. Sus necesidades de seguridad son prioritarias.
A
continuación intentará integrarse en el grupo de colegas, sentirse aceptado
por todos, lo que al principio le parecía secundario. Hará esfuerzos y si se
siente rechazado, le molestará. Si la situación persiste, su rendimiento se
verá afectado por ... pérdida de motivación.
Una
vez satisfechas sus necesidades socioafectivas, es de esperar que buscará un
reconocimiento personal, recibir un buen trato por parte del jefe y adquirir un
status.
Si
no se siente justamente reconocido, si sus necesidades de status quedan
frustradas, no solo más dinero no lo motivará (aunque lo acepte), sino que
puede provocarle sentimientos de autocritica ("me estoy vendiendo") y
de agresividad para con quién intente motivarlo de esta manera ("no
entienden nada"; "me intentan comprar"; "es que no les
importa la gente").
Y
más tarde esperará que el trabajo le mejore como persona, aprender,
desarrollarse, tener iniciativas e independencia.
A
cada nivel de necesidades corresponden diferentes incentivos y en un grupo de
trabajadores, no todos estarán en el mismo nivel. La siguiente pregunta sería
como identificar el nivel en el cual esta cada uno de los trabajadores. Pienso,
que buscar los incentivos puede ser relativamente fácil, aunque lo realmente
difícil es identificar en que estatus de la pirámide de Maslow se encuentran.
Motivación o manipulación
Algunos
consideran que motivar a otro es una manipulación, y me consta que en casos,
tienen razón. Conseguir que otro haga, bien y mucho, lo que queremos que haga y
usar incentivos para influir en su conducta podría ser una manipulación.
¿O
bien consideramos que hay manipulación si la intención es egoísta y va a
perjudicar al otro? ¿Desean los trabajadores ser incentivados, y tener una
emoción positiva, o prefieren no serlo? Y vosotros ¿qué opináis?
oOo
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