MOTIVACIÓN Y ERGONOMÍA
Michel Henric-Coll
Menudo
regalo de Reyes le han hecho a Miguelito: un coche eléctrico. Que puede
sentarse dentro. Funciona con baterías, tiene volante y dos pedales: avanzar y
frenar.
Nada
más desempaquetarlo, Miguelito se sentó al volante e intentó dar una vuelta,
pero se puso a lloriquear porque el coche no se movía.
-
Está echado el freno de
mano, no podrá avanzar. Además no tiene baterías, habrá que cargarlas
primero. Y esto necesita tiempo, no es inmediato. Mañana irás a darte una
vuelta.
A
Miguelito le costó mucho entender porque tenía que esperar antes de ver
cumplido sus deseos, pero aunque le desesperaba, no tuvo más remedio que
esperar.
A
la mañana siguiente, era el primer levantado de la casa, las baterías estaban
cargadas a tope. Se sentó en el coche pero este no arrancó. Se precipitó para
despertar a sus padres y con palabras entrecortadas por el nerviosismo del que
ve que sus expectativas no se cumplen, explicó el asunto y no descansó hasta
que se levantara su padre.
-
Pero mira, Miguelito, estás
pisando el pedal equivocado, el de avanzar es el otro.
El
coche empezó a moverse, pero muy despacio. Miguelito consiguió recorrer parte
del salón pero las baterías ya no daban para más. El coche temblaba y
avanzaba cada vez más despacio. Miguelito se desesperaba, con la impaciencia de
su inexperta juventud:
-
¡Me habías prometido
que hoy el coche andaría, y casi no lo hace!
Miguelito
salió del coche enfadadito.
-
Pero mira, le dijo su
padre, el freno de mano está echado, no puede avanzar así.
-
¡Pero si cargamos las
pilas anoche! Vale, lo quito. ¿Y ahora qué? (seguía de pié al lado del
coche).
-
Si no subes al coche para
hacerle avanzar, no lo hará. Solo avanza cuando el piloto está al volante para
dirigirlo. El piloto es parte del coche.
-
Vale, ya he subido, estoy
empujando el pedal de avanzar, ¿por qué va tan despacio, papá?
-
Agotaste las baterías
mientras intentabas moverlo con los frenos puestos. Las baterías no son
eternas, cuando no se gastan correctamente, se desgastan, y hay que volver a
cargarlas.
-
¡Pues, menudo coche me
han traído los Reyes, que no hay quién lo mueva.!
Baterías
y frenos del trabajador
La
historia de Miguelito podría ser la de Frederick Herzberg, pero en su defecto
ilustra la gran aportación que hizo a la teoría de la motivación en el
trabajo.
Herzberg
dejó claro que lo que motiva el trabajador no es el contrario de lo que le
desmotiva. Motivadores y desmotivadores no son una misma causa con dos valores
opuestos sino dos causas completamente diferentes y no basta con actuar en un
frente, sino en dos.
Los
motivadores son como las baterías del coche de Miguelito, son lo que generan el
movimiento. Y los desmotivadores son como los frenos: cuando están echados, los
motivadores no producen efecto.
Lo
que motiva al trabajador, es el trabajo en sí, y lo que le desmotiva, son las
condiciones en que lo hace. A estas condiciones, Herzberg llamó factores higiénicos,
pero como me suena a papel y que no clarifica mucho la idea, suelo llamarlo
factores ergonómicos (tenéis una buena definición del término en la página
de Ergonomía En Español: http://www.ergonomia.50g.com/vision.html).
Herzberg
determinó que los principales motivadores son los logros. Cuando un trabajador
consigue un objetivo ambicioso pero realizable, se siente motivado. Pero claro,
aun es necesario que tenga objetivos claros y aceptados. Una imposición ajena
no constituye un objetivo motivador.
También
motiva el reconocimiento que el trabajador consigue gracias a sus logros. Aun
hay demasiados empresarios, o jefes, que consideran que hacer bien el trabajo es
lo normal, y hacerlo mal lo destacable. Por lo que nunca reconocen los méritos
y siempre los defectos. No pretendo discutir ahora si tienen o no tienen razón
en su concepción, pero sí aclarar que esto no motiva.
Hay
otra cosa que causó sorpresa a los partidarios de la teoría X descrita por Mc
Gregor: el propio trabajo, con sus dificultades y las responsabilidades que
conlleva, es un motivador. El trabajador estándar no es un vago deseoso de
escaquearse a la primera, sino que son las condiciones en las que trabaja que lo
hacen así.
Los
factores ergonómicos pueden resumirse en cuatro grupos:
-
la política empresarial,
su cultura y su gestión,
-
la supervisión (cómo se
comportan los jefes),
-
la calidad de las
relaciones interpersonales y de las condiciones del trabajo,
-
las condiciones sociales
de estatus, seguridad y remuneración.
Pues
sí, ¡qué curioso, verdad! El salario, salvo excepción, no es un motivador.
Pero su ausencia, insuficiencia, desequilibrio e injusticia en el reparto,
desmotiva.
Está
claro que los factores ergonómicos influyen sobre los individuos, pero aun más
sobre los grupos, tal como lo mostró Rensis Likert desde los años 32. Afectan
a la moral colectiva, a la cooperación entre miembros, a la calidad relacional
(horizontal y vertical), y en resumidas cuentas a la capacidad del grupo para
lograr sus objetivos.
Conozco
a varios empresarios que, salvando las diferencias, se comportan como Miguelito.
Pintan los despachos, ponen flores, gastan mucho dinero en cambiar los coches de
función de los vendedores, o vuelven una vez más a subir los sueldos (los
altos, claros, los de aquellas personas que consideran importantes). Y se
quedan extrañados de que, pasado el primer mes, los colaboradores siguen sin
estar motivados. Les produce la misma frustración que a Miguelito con su coche
frenado. Y cómo él pretenden mover al equipo quedándose de pie, fuera del
mismo.
Pero
confiar en la gente, delegar responsabilidades, reconocer públicamente los
esfuerzos de los colaboradores, darles la oportunidad de mejorar como persona
gracias a la formación y a un trabajo de mayor nivel, informarles con
sinceridad de los proyectos y ambiciones de la empresa, esto parece mucho más
difícil y costoso.
-
¡Pero si lo hemos
intentado! me han comentado algunos, y no ha servido de nada.
oOo
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