EL PELOTON DE LOS TORPES

Michel Henric-Coll

 

Curiosamente Amadeo, el director de RECAMBIOSA, estaba perplejo y preocupado. Aparentemente, la empresa que había creado hace dos décadas gozaba de perfecta salud: las ventas crecían, los clientes estaban contentos y los empleados satisfechos. Sin embargo el departamento del Muelle parecía sufrir una gripe organizacional: cometía errores, caía en retrasos, el personal mostraba desánimo y Amadeo, a parte de no comprender lo que ocurría, temía el contagio al resto de la empresa.

Dos bajas por depresión este año y la renuncia de uno de los empleados más antiguos parecían  síntomas suficientes como para preocuparse, sobre todo cuando el Muelle era el único departamento con problemas de rendimiento, de absentismo y de incumplimiento (leve) de horario.

En una improvisada charla en los vestuarios, Amadeo intentó acorralar el problema pero ninguno de los empleados del muelle tenía quejas concretas y todos se declaraban identificados con la empresa.

Amadeo me contó en su despacho su preocupación por la inexplicable situación, su interés en que el personal se sintiera satisfecho, por dar oportunidades a todos y escuchar a cada uno. Cuando habla de su personal, Amadeo se confunde en elogios: “tenemos un personal maravilloso, implicado, esmerado, peleón y muy fiel. No sé lo que está ocurriendo en el Muelle”.

Decidí mantener reuniones ascendentes con personas de distintos departamentos y terminar por el departamento incriminado.

En la primera reunión, con Administración, a uno de los participantes se le escapó la expresión de “pelotón de los torpes”. Estaba claro que se refería a alguien de la empresa, pero aun no entendía quien y todavía no era el momento de indagarlo. Cuando pregunté a cada uno cual había sido su trayectoria en la empresa, me sorprendió descubrir que casi todos habían trabajado algún tiempo en el departamento del Muelle.

En la siguiente reunión quedó claro que era este el departamento que todos llamaban Pelotón de los Torpes, y cuando me entrevisté con sus empleados, también fue claro que ellos mismos lo asumían así.

-          En esta empresa, los buenos elementos ascienden a otros departamentos, pero los malos nos quedamos aquí, en el Muelle. Supongo que no somos lo bastante buenos como para hacer otra cosa, para alcanzar un puesto más importante. ¿Qué otra cosa pensar?

Cuando, más tarde, señalé el hecho a Amadeo, me explicó:

“Pues claro, en el Muelle se ve todo, los productos que entran y los que salen, aprenden a controlar la conformidad tanto de las entradas como de las salidas, lo cual les sensibiliza a la importancia de la calidad. Después de su formación, entre seis meses y un año, cuando ya conocen todos los productos, cada uno se dirige hacia su departamento definitivo. Gracias a eso, un administrativo se da cuenta de los errores en facturación o en contabilidad, porque un artículo no es una simple referencia, es un producto que conoce, que ha manipulado y cargado a mano o con una carretilla. Y lo mismo para un comercial, un mando, o cualquier departamento. El Muelle es el departamento de formación por excelencia”.

“Los que se quedan lo hacen porque este es su departamento, y porque son personas esmeradas y de confianza. El Muelle es un departamento de primera importancia porque están en primera línea, de su control de entradas depende la calidad de lo que entra en fábrica y de su control de salida el respeto de los plazos y la perfecta adecuación de nuestras entregas.”

Sin embargo, jamás Amadeo se lo había explicado a la gente del Muelle. Durante años ellos creían que permanecían allí por ser los peores elementos de la empresa, incapaces de otras responsabilidades, y veían cómo los recién llegados estaban destinados a puestos considerados de mayor valía.

Habían asumido su torpeza y se había generado una frustración porque sus expectativas y aspiraciones personales se veían troncadas y habían terminado perdiendo la esperanza.

De frustraciones en el trabajo, de sus diferentes tipos y de la forma en que reaccionan las personas, hablaremos en otros artículos, pero no quisiera terminar sin precisar que tras una información abierta y sincera de Amadeo, un reconocimiento público a la importancia de este departamento y un programa de formación y desarrollo personal a sus integrantes, el departamento cambió de imagen, subió la autoestima y el Muelle se convirtió en un departamento modelo y el orgullo de sus integrantes.

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